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SOMBRERERÍA EL TACONAZO, MEZCLA TRADICIÓN Y COMERCIO DIGITAL

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Edgar Iván López González, copropietario de la sombrerería El Taconazo, nos compartió la historia de un negocio que combina lo moderno con lo tradicional, y que tiene como base la perseverancia, el trabajo familiar y el respeto por el legado de generaciones pasadas.

Aunque El Taconazo como tienda vaquera nació hace apenas tres años, su nombre tiene una historia que se remonta a más de 50 años atrás con su abuelo Alberto González Carvajal, también comerciante, inició junto con sus hijos una peletería en la calle de Moctezuma, en el antiguo mercado de los huaracheros, aquel negocio se llamó originalmente El Taconazo, nombre que más tarde cambió a Peletería González, perdiéndose por un tiempo esa denominación que marcó a la familia.

Edgar Iván, hijo de Claudia Elena González Lara, relató que la idea de retomar el nombre surgió cuando estaba por concluir la universidad, donde estudiaba Ingeniería Agrónoma Zootecnista, y durante esa etapa comenzó a vender sombreros entre sus compañeros, quienes de forma natural utilizaban este accesorio como parte de su vestimenta diaria. Fue así como decidió rescatar el nombre de El Taconazo, no solo por gusto, sino por identidad.

“Me gusta conservar lo antiguo, además, Los Taconazos es también el apodo por el que es conocida mi familia, ya que mi abuelo y mis tíos-abuelos se han dedicado durante años a la ganadería, compra y venta de ganado, especialmente en el municipio de Soledad, donde el apellido González es ampliamente reconocido, pero a ellos los identifican además por el apodo” explicó.

Iván nos relató que al ver que la venta de sombreros funcionaba, pidió a su padre José Domingo López un pequeño espacio al fondo del negocio familiar, que originalmente era una zapatería de calzado casual en la calle Hidalgo 560.

Afortunadamente su padre confió en él y le dio la oportunidad, por lo que comenzó con un lote de cien sombreros y pronto notó que los clientes no solo regresaban por otro sombrero, sino que pedían más accesorios. Así fue como poco a poco el negocio fue migrando hacia una tienda completamente vaquera. La transición no fue inmediata: tomó alrededor de un año separar la zapatería casual de la mercancía vaquera y consolidar el nuevo giro.

Hace aproximadamente un año comenzaron a apostar de lleno por las redes sociales, subiendo contenido de manera constante. “Esta estrategia ha sido clave para popularizar nuevamente la moda vaquera, especialmente entre los jóvenes, quienes durante años estuvieron influenciados por estilos extranjeros”, Edgar Iván señala que antes portar botas o sombrero era visto como algo “de señores”, e incluso quienes bajaban de sus comunidades o ejidos a la ciudad eran observados con extrañeza. Hoy, esa percepción está cambiando, y la vestimenta vaquera vuelve a ocupar un lugar importante en la identidad local.

Actualmente, su abuelo Alberto González Carvajal continúa trabajando en el ramo del calzado, con una zapatería ubicada en la calle Pípila, negocio que en su momento también llevó el nombre de El Taconazo y que hoy se conoce como Zapatería Alberto. Comparte la satisfacción de ver que aquel nombre que fundó sigue vigente y, sobre todo, que su nieto ha sabido rescatar los valores del pasado y darles nueva vida, combinando tradición, familia y trabajo con la energía y las herramientas de las nuevas generaciones.

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