El discurso oficial insiste en que no hay nuevos impuestos, que hay estabilidad tributaria, que todo está bajo control. Pero el bolsillo de los mexicanos cuenta otra historia: la de un enero que llegó cargado de ajustes, actualizaciones y «adecuaciones» que, sin crear gravámenes nuevos, sí hacen más caro el costo de vivir.
Llamémoslo como queramos: inflación, actualizaciones por UMA, combate a la informalidad, pero el resultado es el mismo: las familias pagan más. Tres pesos adicionales por litro de refresco, 85 centavos más por cigarro, cajetillas rozando los 100 pesos. El argumento sanitario puede ser válido, pero no cambia el hecho de que miles de consumidores verán mermado su presupuesto semanal.




